Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007.

Chirac, o la mafia del mandil.

Nuevamente un libro nos muestra la desvergüenza de Jacques Chirac. En él, cuenta cómo  le disgusta la conquista española de América. Evidentemente le disgusta porque la Hispanidad en América no es obra de la "grandeur". Para él, los méritos se los llevan los vikingos, que descubrieron el nuevo continente, teniendo la elegancia de "destruirse a sí mismos". Yo invitaría al señor Chirac a ver "Apocalypto", a riesgo de sufrir en mis carnes la incómoda compañía del presidente, encausado por su rapacidad y afición por el mangoneo político-económico. En la cinta de Mel Gibson, podría el ínclito percibir la sabrosa pedagogía de las civilizaciones que, otrora fuertes, se destruyen a sí mismas en un regodeo suicida. El mismo gusto de ponerse la soga al cuello lo tiene una Francia que ha cargado una buena porción de años con un sinvergüenza como jefe del estado.

El mismo individuo, pedante, jactancioso y vacuo, rechaza al Liberalismo, pese a ser un impenitente defensor del "buen orden republicano", y pese a que ese orden de guillotina y terror no exista cuando las calles las calles arden con la "sharia". Chirac es la encarnación de la "videopolítica" de Sartori, aunque el profesor italiano pensara en Berlusconi cuando formuló el término. El presidente que modula la voz mientras mira a la cámara con ojos de cordero degollado y arquea obsequioso las cejas, es el que se despacha a gusto con sus hazañas de galán ("dime de qué presumes..."), o muestra su odio por la Europa colonial pese a definirse como "gaullista". En la Eurocracia laico-islámica, decir tonterías es gratis, y algunos abusan del coste cero.

Mientras tanto, Chirac no se decide aún a confesar si va o no a presentarse a las presidenciales del 2007, aunque lo más lógico sea la renuncia. El ego del provecto granuja no puede escoger entre perder su última convocatoria electoral o dejar el Elíseo para enfrentarse a los tribunales, como todo pájaro de cuenta que ha hecho y deshecho lo que no debía. Le duele Nicolás Sarkozy, como le duele Ségoléne Royal, pero mucho más todavía le trastorna la imagen de Jean Marie Le Pen.

Bajo todo este escenario en el que el máximo actor no duda en confesar sus desplantes a Juan Carlos de Borbón, otro hermano de la fraternidad "discreta y no secreta", se recorta en el horizonte la figura de uno de los individuos que más ha contribuído a que la política en Europa sea una pestilencia... y todavía hay quien le homenajea con un libro... Otro "Apocalypto" en Occidente.

20/02/2007 20:01 Autor: occidente. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.